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sábado, 17 de agosto de 2013

A grandes males, grandes remedios

Aquel día, Inés apareció por clase con la cabellera más revuelta de lo habitual. Al verla, la Hermana María, que se andaba por allí merodeando, no puedo evitar lanzar una sonora exclamación...
- ¡SANTO DIOS! ¿Pero quién te ha peinado hoy, Inés?
La niña enseguida esbozó uno enorme sonrisa y, orgullosa de los méritos de su peluquero ocasional, le contestó:
- ¡PAPÁ!
Lucía, que siempre estaba al tanto de todo, no dudo en aportar su experiencia a aquella conversación.
- Los papás no saben peinar a las niñas...
Para zanjar el tema, Miriam espetó:
- ¡Claro! Mi papá no me sabe peinar porque no tiene pelo.
Un silencio sepulcral inundó la clase ante el peso de tales argumentos. Un silencio que, por supuesto, quedó roto a los pocos segundos por culpa de las carcajadas de los adultos que nos encontrábamos en el aula en aquel momento.

Pues bien, tengo que decirles que no se preocupen a todos esos padres (y madres, que también las hay) que, como los de Inés, Lucía y Miriam, no se dan demasiada maña con los cepillos a la hora de peinar a sus pequeñas ¡¡para todo hay solución!! A nuestro rescate (y digo nuestro, porque a mí también me vendría de perlas) viene este buen hombre que acaba de patentar una nueva técnica de peluquería infantil...

jueves, 5 de abril de 2012

Un niño de 11 años quiere salvar a Grecia

Sorprende que, entre la estela de desolación y malas noticias que deja la situación financiera de Grecia, también podamos encontrar historias que nos invitan, como poco, a esbozar una sonrisa.

Un dibujo para salvar Grecia

Jurre Hermans, un niño de once años de los Países Bajos, ha logrado una mención especial en el Premio Wolfson de Economía, el segundo mayor premio en efectivo que puede recibir un economista después del Premio Nobel, por su propuesta para que Grecia abandone el euro, en la que utiliza un dibujo y una pizza como ejemplo para explicar su solución.

En concreto, propone que todos lo griegos lleven sus euros al banco y los pongan en una "maquina de cambio" que les devolverá dracmas, su antigua moneda, pese a que, según representa en su dibujo, esta idea no les haga "felices". A continuación, los bancos darán todos esos euros al gobierno, que formará con ellos un "pancake o una pizza" y comenzará a devolver todas sus deudas, "cogiendo cada uno que tenga una deuda su trozo de pizza"

Aquellos que no quieran cambiar sus euros, ya que se reducirá drásticamente su valor, e intenten esconderlos o guardarlos, recibirán un multa más alta que el valor de los euros que intentaban esconder.

Hermans es el participante más joven que se ha presentado al premio y recibirá un bono regalo de 100 euros "por su esfuerzo".

Qué sería de este mundo sin los niños y su inocencia.

viernes, 16 de marzo de 2012

Los niños, la crisis y la sinceridad

Ayer encontraba en el periódico un artículo en el que se recogían parte de los resultados de un peculiar estudio, elaborado por el Instituto de Orientación Psicológica, que llevaba por título "Percepción de la realidad de los niños españoles: otra visión de la crisis". Leyéndolo volvía a caer en la cuenta de uno de los errores que los adultos cometemos, probablemente, con demasiada frecuencia: percibir a nuestros menores como a unos seres frágiles (y a veces incluso ignorantes) a los que hay que proteger de cualquier atisbo de dolor, tristeza o frustración.

Sin ir más lejos, desde que empezara la crisis, ¿a cuántos padres de familia hemos visto con nuestros propios ojos preguntarse de qué manera se le puede explicar a un hijo que hay mucha gente que ya no tiene trabajo o, peor aún, que la economía doméstica va en picado y ya no se pueden tener tantos caprichos como antes?

Poniéndoles a ellos como excusa, a menudo se opta por la que en realidad es la solución más fácil para nosotros mismos: fingir. Ahorrarse las explicaciones, ocultar la realidad y aparentar que todo va como siempre para no dañarle. De lo que no solemos percatarnos es de que, lejos de hacerles favor alguno, con esta actitud no sólo les estamos subestimando, sino que es como realmente les podemos estar causando un daño real, aunque involuntario: y es que ellos no son tontos. De hecho, me atrevería a afirmar que los niños tienen una habilidad especial a la hora de percibir que algo va mal.

En propias palabras de Francisco Rodríguez, psicólogo infantil y portavoz del Instituto EOS, los pequeños "captan todo lo que ocurre a su alrededor. No sólo los acontecimientos, sino también los estados de ánimo y las emociones de los adultos". Lo que no perciben son los porqués ni las auténticas razones. Y es precisamente aquí donde nuestra sinceridad (adaptada siempre a su edad, como es obvio) adquiere toda su importancia: explicándoles la realidad tal cual es podremos evitar que lleguen a sentirse culpables por no entender lo que está sucediendo o que el verdadero origen del problema se halla en realidad muy lejos de ellos.

Dejando un poco mis disertaciones de lado, tengo que deciros que si por algo merece la pena el trabajo del que hablaba al comienzo es por las explicaciones y, sobre todo, por las soluciones que los propios protagonistas del mismo aportan para poder enfrentarse con éxito a esta crisis galopante: besos y abrazos, jugar con ellos, sonreír, actitud positiva y cuidarse más, entre otros.

Pura inocencia, sí. Probablemente la que nos falta a los mayores y nos otorgaría más probabilidades de éxito... ¡Cuantísimo tenemos que aprender de ellos!



Fragmento de Informativos Antena 3 (15/03/2012).