Aquel día, Inés apareció por clase con la cabellera más revuelta de lo habitual. Al verla, la Hermana María, que se andaba por allí merodeando, no puedo evitar lanzar una sonora exclamación...
- ¡SANTO DIOS! ¿Pero quién te ha peinado hoy, Inés?
La niña enseguida esbozó uno enorme sonrisa y, orgullosa de los méritos de su peluquero ocasional, le contestó:
- ¡PAPÁ!
Lucía, que siempre estaba al tanto de todo, no dudo en aportar su experiencia a aquella conversación.
- Los papás no saben peinar a las niñas...
Para zanjar el tema, Miriam espetó:
- ¡Claro! Mi papá no me sabe peinar porque no tiene pelo.
Un silencio sepulcral inundó la clase ante el peso de tales argumentos. Un silencio que, por supuesto, quedó roto a los pocos segundos por culpa de las carcajadas de los adultos que nos encontrábamos en el aula en aquel momento.
Pues bien, tengo que decirles que no se preocupen a todos esos padres (y madres, que también las hay) que, como los de Inés, Lucía y Miriam, no se dan demasiada maña con los cepillos a la hora de peinar a sus pequeñas ¡¡para todo hay solución!! A nuestro rescate (y digo nuestro, porque a mí también me vendría de perlas) viene este buen hombre que acaba de patentar una nueva técnica de peluquería infantil...

